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Mostrando entradas de enero 1, 2008

Una Mirada a los "ABSURDOS COTIDIANOS" de Rubén Darío Buitrón

Más allá de su capacidad como narrador el escritor es lo que dice, el cómo lo dice muestra su talento. Pero cuando entre líneas se lee las conclusiones a las que llega el autor, la explicación de un hecho nos da una clara idea de qué clase de ser humano está portando el lápiz. Qué es lo que un escritor descubre nos da la pauta de qué es lo que anda buscando. Y ese es a mi entender el valor singular de un libro de crónicas con el que Rubén Darío Buitrón se convierte en “la conciencia detrás del parabrisas”, siguiéndonos los pasos a los transeúntes aún en las que parecieran las más simples situaciones, descubriendo lo singular de cada cita, de cada gestión, de cada pisada, de cada mirada. “Absurdos Cotidianos” es una búsqueda permanente del alma de las ciudades y pueblos del Ecuador, de sus luces que son los ojos de su gente. Es el encuentro con los demás y con uno mismo, es el perdón, el dolor, el todos los días. Es una pluma ágil que vuelve profundas las cosas más llanas, que se adapta

FELIZ 2008!

Ocurrió una tarde de un 31 de diciembre, agonizaba 1997. Yo vivía en Nueva Orleáns. Me encontraba en una farmacia y en ese momento le estaba pagando a una muchacha del mostrador de Kodak por unas fotos recién reveladas. En cierto punto de la conversación sentí como que alguien nos observaba pero no me detuve a pensar en ello. Mas cuando me despedía de la chica y nos decíamos Feliz 1998, una señora de unos cuarenta años, intervino en el diálogo con una sonrisa luminosa para desearnos en español que en el año venidero “encontráramos una golondrina”. Ni siquiera nos dio la posibilidad de preguntarle qué quería decir con eso porque desapareció rápidamente. Me volví hacia la empleada del negocio y compartimos una sonrisa sin palabras. “Está loca” recuerdo que fue todo lo que se me ocurrió en ese instante. La muchacha me pidió que le tradujera la palabra golondrina y lo hice pero a juzgar por la expresión de su rostro, asumo que mi respuesta la mandó directo al limbo. Si yo sé poco de aves,