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A Punto de Llorar.

 las voces del tiempo  pululan por mis sienes como si fuera invierno en plena primavera del siglo XXI ahora cuando sueño el viento se detiene sin ruido en la garganta se anuda como puede para no sollozar cuando elevo las manos mariposas cansadas pálidas resecas en contraluz se agitan como pañuelos viejos a punto de volar Dagor
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SIN MIRAR ATRÁS

hoy te vi poeta de mis poemas ojeroso y pálido cruzabas un puente con  ojos cerrados abrazando en sueños a la humanidad y al soplo del viento un rayo de luna se  posó en la espalda de tu soledad hoy te vi te alcancé en la orilla de un puerto sitiado guardamos distancia por culpa de un virus pero nuestras almas juntaron sus pechos en hondo silencio y lloramos juntos sin poder parar cual viejos guerreros mudos de la pena contamos los muertos besando uno a uno sus frentes marchitas lágrimas las letras con ellas lavamos las manos benditas de cada mendigo de cualquier ciudad hoy te vi en la calle de los desahuciados abuelos cansados vecinos que guardan muertos en la estancia policías doctores artistas y locos que valen tan poco que no tienen nombre que no tienen tumba ni epitafio helado para un funeral tú  desconsolado  poeta de mis poemas persigues al necio que busca un cadáver en medio de un circo de carpa infernal hoy te vi extenuado coleccionando cuitas angustias dolores entre el río y
 
Conocerlo había sido, sin lugar a dudas, la aventura cumbre de su vida, como que su diario encontró la llave para abrirse de páginas y dejarlo escribir en ellas... como que la luna asumió una forma de contornos prometedores para que ellos pudieran contemplarla al unísono e intercambiar mensajes cósmicos, inentendibles para otros mortales... Como que las noches juntos no necesitaban luz artificial, porque bastaba con la claridad de sus sentimientos… Como que las ideas compartidas en horas interminables de compenetración, tenían ya su paso construido desde otras vidas, desde otros tiempos milenarios, lejanos… Dagor
Montoneros del General Eloy Alfaro en 1883. Al centro el Gral. Juan Miguel Triviño Moreira, hacendado, Daule, 1851, vistiendo poncho y portando espada. También constan dos de sus hijos marcados con un círculo, Miguel (menor de edad) y Leonardo Triviño García, junto a otros personajes. En contra de la “argolla” del denominado Progresismo liderado por Caamaño, Flores y Cordero, se levantó el campesinado y los caciques locales de la Costa escucharon sus reclamos convirtiéndose en líderes revolucionarios. El General Triviño albergó en sus haciendas a las tropas alfaristas proporcionándoles vituallas, caballos, posibilidad de movilización y desmovilización; instalándolas al pie del río Vinces. Y fue el grupo de Vinces el primero en proclamar la Jefatura Suprema de Alfaro, el 17 de febrero de 1895. Delfín Triviño fue Ministro de Estado y formó parte de la plana mayor del Liberalismo. La familia Triviño o Treviño tuvo destacada participación en la lucha liberal de finales del siglo XIX. La fo
Hace unos meses, tuve la desafortunada oportunidad de leer un artículo cuyo autor ni siquiera recuerdo, quien aseguraba que “aquel que no lee, no sabe pensar”, o algo por el estilo.  En esa nota, el orden de los factores sí alteró el producto. Al menos en el título. En primer lugar, se aprende a pensar antes que a escribir y a escribir antes que a leer. En segundo lugar, todo el mundo es capaz de pensar, analfabeto o no. Ese factor no pega en la frase. Las excepciones que confirman la regla, se deben a problemas congénitos o adquiridos. Nadie carga la mente en blanco, a no ser que esté desmayado, loco, absolutamente enfermo o muerto.   No es justo que por no saber cómo explicar la importancia enorme de la lectura, se eche mano a una frase que debe haber sido mal traducida de algún escrito en otro idioma.  Conocemos grandes compositores ecuatorianos y de otras latitudes, que apenas sabían leer pero que escribieron poemas, canciones que todos sentimos como propias, y que sin duda, no fue
EL TREN VA PASANDO el tren va pasando rozando los árboles  en esta noche larga su grito de nómada  arranca otra página  de mi calendario detrás de su estela se instala un silencio que le reza al tiempo como hace un rosario el tren va ululando volveré mañana leeré tus versos con mi voz lejana me dice cantado no me detendré bajo tu ventana ni a peinar tus canas seré el eco efímero fortuito distante  de las soledades que arrullan tu estancia el tren va silbando la canción de siempre pero no hay retorno aunque sí lo haya cada vez que arriba dibuja la brújula con la que se marcha aunque no entendamos su vocabulario cual reloj de arena el tiempo es su casa morada de tránsito  sol y luna en una voz de la esperanza parte solitario el tren va llegando sella su inventario el tren va llegando y con él nos vamos (Dagor)
  A UN POEMA EXTRAVIADO a veces quisiera que volvieras insisto en el mismo botón abrazo la misma máquina me pellizco el corazón quisiera beberme tu río  de frases remontadas tus sombra tu nostalgia besarte el recuerdo proponerte una nostalgia quedarme dormida  con mi mano entre tus ansias que también son mis ansias volar como esa noche cuando colgados de la nada me contaste tus cuitas mientras yo tomaba nota  junto al ruido del motor lágrima por lágrima sin escatimar palabra en cada frase brotaba un pedazo de mi alma como si fueras mi estampa mi pecho mi espalda  mi solapa mis andanzas espejo de mi luna mi papel virtual romance de aire suspendido sobre el agua te escondiste entre las nubes de mi taza de café y supe que te perdía cuando al tocar la pantalla vi que tu voz se escondía como si fuera un fantasma me dejaste en la oscuridad el avión aterrizó dejé que se fueran todos la azafata me miraba el piloto me esperaba le dije "perdí un poema" y lanzó una carcajada pero tengo
A TODAS LAS MUJERES  la vi pasar con sus trenzas despeinadas con su infinita mirada a punto de llorar era joven  como el sauce japonés que mi jardín adornaba iba como absorta como si debajo de sus pies no hubiera nada apuré el paso  traté de alcanzarla pero aunque no iba de prisa parecía que volaba caminó y caminó  en dirección del horizonte como que lo buscaba  para esconderse en él  o para superar  alguna pesadilla  que la atormentaba dejamos la ciudad atrás ella    simplemente  me ignoraba mientras un Noctuno de Chopin  se escuchaba  en la distancia desolada la niña de mi cuento me provocaba abrazarla hubiera querido tocarla darle la mano  pero tuve temor de que se esfumara o que se subiera a mi pecho  para que la consolara y que cobarde yo también la traicionara al fin luego de cruzar ciudades subir y bajar montañas llegamos a un claro en el bosque  y al ver una piedra solitaria la joven se sentó me buscó con la mirada  dejando brotar de sus ojos  tantas lágrimas que el agua empezó
 MIS DIEZ LIBROS PREFERIDOS 1. PLATERO Y YO, regalo de mi padre al cumplir doce añitos. Por esas casualidades de la vida, la única vez que sobreponiéndome a mi timidez -siempre in crescendo- me atreví a participar en un concurso de declamación en mi colegio, el Santo Domingo de Guzmán, a los catorce años, me gané el premio y para mi sorpresa, era justamente PLATERO Y YO. Y entonces el mensaje me quedó  clarísimo. 2. LA VIDA ES SUEÑOS, Calderón de La Barca. Y moriré  soñando como el libro y como su autor. 3. LITUMA EN LOS ANDES, Mario Vargas Llosa. El mejor de Vargas. 4. RAYUELA, Cortázar. Por su complicada estructura que sólo es cosa de lógica. 5. PEDRO PÁRAMO, Juan Rulfo. Uno de los libros preferidos por mi padre y en mi casa. Me llamó la atención por su complicidad con el más  allá. 6. LA TREGUA, Benedetti. Hice tregua en todo para leerlo de un tirón. 7. LOS HERMANOS KARAMAZOV. Dostoiesvki. 8. LA PESTE. Albert Camus.  9. AZUL. Cantos de Vida y Esperanza. Rubén Darío. Duerme en mi mes
deja correr tus cruces siémbralas en el viento que no obstruya su paso la voz de los sentimientos deja que el tiempo y el agua te rediman de tormentos deja que el dolor se aleje que se lo lleve la luz la luz del entendimiento Dagor
Cada copo de nieve es un suspiro suspendido frente a mi ventana. Invicta, la bandera de Navidad, permanece de pie entre el frío y el viento que sacude la blancura de los árboles. Pasa un cardenal a vuelo raso, sé que es él, el interlocutor ubicuo, el filósofo que hace soñar a las plantas congeladas, el poeta jocoso que dibuja flores con sus piruetas alrededor de la chimenea. Lo reconozco por su sonrisa insuperable. Apenas me mira. Busca refugio, le abro la puerta y en lugar de entrar, sacude su abrigo de alas escarlata frente a ella, como para desplegar calor en mi estancia y abrazarme el alma. Saluda tocando su cabeza con la punta de un ala. Se aleja en dirección a un arbusto y desaparece en él. Bendito invierno con sus paisajes níveos y sus cantos de esperanza. Quizás todo es un sueño, tal vez una quimera, pero no hay mejor manera de calentarse las manos al fuego del hogar, que en la estación de la espera. Dagor
Hoy salí a caminar calle abajo. El ruido primaveral de unas aves me atrajo y lo seguí. En un sendero distinto al que suelo recorrer, las encontré revoloteando en una fuente de agua, compartiendo su alegría. Al sentir mi cercanía, se levantaron en vuelo rápido. Huyeron. Seguramente se ubicaron entre los árboles frondosos a esperar que me retirara para volver a su algarabía. Me asomé a la fuente y vi mi rostro al fondo de la misma. Debo confesar que me detuve a contemplarme por un buen rato. En ese momento confirmé que mis días estaban contados. Me di la vuelta toda consternada, y para mi sorpresa, tropecé con los pájaros que habían retornado a decirme con su silencio que en realidad, todos tenemos los días contados. Ellos también. Las aves me miraron hondamente, solemnemente y se abrieron a mi paso graciosamente. Pero no fue hasta que estuve de nuevo en mi ruta cotidiana, que volví a escuchar su gorjeo maravilloso. Pisé con fuerza y emprendí el regreso a casa para abrazar a mis pl
Así como no es posible apreciar la luz sin haber pasado por la obscuridad, tampoco es posible valorar la felicidad sin haber transitado por el dolor. Dagor A veces somos felices... pero no lo sabemos. Dagor