viernes, 2 de octubre de 2009

Creíamos que la verdad se la podía dividir, nos atropellábamos al hablar… los argumentos se mezclaban con la risa, con el llanto… era la marea de la juventud. Hoy nos basta el silencio para entendernos… la bulla viene de otras voces y nos regocijamos en escucharlas. Entendemos que la palabra es indivisible, como la verdad… que la risa es breve, como la juventud… que el ruido del mar consuela, como el llanto… que el silencio es el altar de la vida, como Dios...(Dagor)

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