martes, 15 de noviembre de 2011

HAN PASADO DOCE MESES

En una noche de "cruces sobre el agua" dejaste de respirar y cerraste tu ventana al mundo cuando tus ojos chinitos se durmieron para siempre. Encendiste tu propia cruz de cara al cielo. Abrazado a tu soledad, te despojaste de todos los dolores terrenales y te elevaste a alturas sublimes, inalcanzables.

Hoy la luna llena se esconde entre las nubes, tal vez no lo sepas pero su reflejo te espera en cada esquina del planeta, con la esperanza de ver pasar tu nave azul y escapar contigo en ella.

Recuerdo que transitaban por tu pecho los dolores ajenos y te las arreglabas para hacerlos viajar hasta tu mano izquierda y convertirlos en poemas. Te recuerdo sentado en mi falda, dormido en tu cunita, caminando a la escuela, recortando munequitos de papel para pegarlos en una esquinita de la tarea. Recuerdo tu ternura y tu melena hermosa, tus manitas y tu voz. Recuerdo las manos de tu madre abotonando tu camisa. Pero sobre todo, recuerdo tu sonrisa dulce, esa que ilumina por siempre el camino de la familia.

Tus planes de alcanzar la felicidad llegaron tarde o tal vez llegaron a tiempo, vinieron galopando de prisa, como por arte de magia. Es probable que no comprendieras que la felicidad era ese soplo de suerte, ese tiempo en el que sobreviviste para que pudieras alcanzarla.

Lo conciliaste todo, te entregaste a la plenitud del amor, te fuiste con planos secretos de una casa imaginaria rebosando tus bolsillos, tal vez para plantarla junto a un ciruelo en el paisaje de la eternidad.

Estos doce meses parecen un siglo, y te contemplo colgado en la pared, o nos contemplamos mutuamente. Yo paso y pareces esbozar una sonrisa, encender el sol en el taller, mandarle un beso a tus hijos, decirme que todo prospera en el mundo que habitas, que el egoismo, la deslealtad y el dolor, son bemoles circunscritos al territorio del planeta tierra.

Ya es 15 de noviembre, de nada sirve mutilar el calendario en un arrebato de furia. Prefiero pensar que ya no necesitas cien pastillas para sentirte mejor, que la juventud no te pesa, que duermes a tus anchas mientras tu madre te besa la frente... que me retiro de puntillas para no despertarte, para no interrumpir la escena. Prefiero tener la certeza de que eres feliz como un arco iris...

Dagor PVV

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