viernes, 15 de febrero de 2013

No sé si los copos de nieve suben o bajan, pero en mi corazón se acurrucan con sus alas diminutas empujadas por el viento, por el frío, por la soledad, por el tiempo. Vuelan despacio como aves sagradas, como palomas mensajeras buscando orillas para depositar su mensaje infinito; como níveas mariposas a punto de anidar. Por eso cuando pasan les abro la ventana, porque sé que son breves golondrinas de luz, fugaces flores de hilo pletóricas de paz, escapadas del vestido de la luna. Ellas brindan calor con su esperanza porque cuando las beso, como si fueran hadas, se deshacen en cantos al centro de mi almohada. No sé si los copos de nieve suben o bajan, pero su estela romántica transforma el paisaje, pinta con acuarela blanca las copas de los árboles, las casas y las plantas en la calle que conduce a mi morada. © Dagor

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