martes, 28 de agosto de 2007


EL PORVENIR DE ANIATA
Abrapalabra Editores, Ecuador 1996 (Foto de la portada por Maria-Dominique Verdier. Francia)

El Porvenir de Aniata es una obra que impresiona insondablemente por la proyección y claridad de la autora reflejadas en cada una de sus páginas, el encuentro con las vivencias, la actualización y futurización de lo nuestro (Porvenir : Por – venir) escrito con la sencillez que sólo pueden los grandes; ese “darse la mano” con lo que sigue siendo y aunque se lo mire de lejos “se está allí”. Se necesita genialidad para mantener la lucidez en la oscuridad de la distancia.

Aunque a finales de siglo el pragmatismo económico y la estadística numérica son los signos de la realidad mundana, esta novela sacude y refresca con sus palabras, nos enfrenta a través del espejo de una escritora, a la oculta enmascarada verdad de que todavía hay seres que piensan que la criatura terrenal tiene derecho a ser dignamente nombrada y no numerada.

El baño de incentivos traídos por este libro reflejan la esencia de la autora “su inspiración era como un saco sin fondo, siempre que metía la mano en él, encontraba alguna nueva idea que explotar”, o en “fue la relación que envuelve lentamente el otoño en hojas multicolores de tonalidades maduras, dejándolas caer a manera de gotas, suavemente, hasta abrazar la aridez del frío invernal con la serenidad de los árboles mayores, que aún cuando están sin hojas, nos protegen con la sombra de su robusto tronco”, qué maravilla!, escrito así en los instantes en que el hombre vive la era de la deslealtad, nos tonifica y nos hace seguir creyendo en el hombre.

El Porvenir de Aniata es el amor, es la reciprocidad que busca equilibrio, porque el equilibrio puro es antihumano, ese equilibrio del querer que sea y no importa que no sea porque lo posible se convierte en el transcurso de la existencia en lo imposible, siempre anhelamos más y más, ese imposible es como el horizonte, lo vemos, lo admiramos y no lo alcanzamos, allí está lo hermoso de la vida, en la constante de buscar lo supremo aunque partamos de sima para llegar a la cima.

“La voluntad y el amor no tienen tiempo ni espacio y sí saben escuchar la voz de la naturaleza” y el hombre no es naturaleza?. “Era tan enriquecedor ser dos almas en una, dos plumas en un mismo papel, en un mismo sueño, en un mismo ideal”… “La prueba más grande de amor te la voy a dar el día en que me muera, porque desde donde esté, volaré a ti, ya no en busca de tu sonrisa que me enloqueció en la librería del Viejo Verde, no, esta vez le haré el amor a tu espíritu, y por fin, despojado de la pequeñez de este cuerpo, voy a dejar un recuerdo imborrable en el tuyo, más el compromiso de una reunión definitiva cuando tu ciclo se complete”… He ahí la catarsis, la búsqueda final de lo humano, la tranquilidad después de la tormenta de la vida. Y qué es más humano que lo humano?

Siendo el principio filosófico de la vida “nacer es comenzar a morir” fundamento indispensable del existir, lo vemos reflejado en “la muerte nos llega sensual y silenciosa, misteriosa y decidida y nos envuelve en su encanto con la sutileza del más allá”, “como si los muertos no fueran parte de los vivos”; verdad y mentira, oscuridad y claridad, vida y muerte, todas son lo mismo en el encuentro, en la integración, en lo sólido del ser, nos forman y nos deforman a la vez pero seguimos siendo lo mismo.


El dictamen es el haber de los jueces, ellos tienen la potestad de decidir sobre nosotros. Evitar el malsano dedo acusador es la impronta de los hombres, en lo moral es la barrera que dignifica el final de la existencia, ese final inesperado que nos permite mirar que “sólo los sentenciados por el propio hombre se mueren a la hora exacta. Los demás se mueren cuando la naturaleza así lo decreta”.

Dr. Wilson Cueva Román

No hay comentarios: